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Por qué la brecha generacional ya no es lo que era

Publicado por pyanez on Feb 1st, 2010 Este articulo fue publicado en la categoria Sociedad. Puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves del canal RSS 2.0. You can skip to the end and leave a response. Pinging is currently not allowed.

Se visten igual, escuchan la misma música, comparten el gusto por la tecnología. Hoy, como nunca antes, la distancia entre padres e hijos dejó der ser un abismo. Un fenómeno que los especialistas califican como “inevitable” e “histórico”.

Era obvio. El concierto de Metallica en Chile prometía un cliché. Un copy-paste del público que llenó el Estadio Nacional en su primera visita al país, en 1993: una marea de poleras negras. Desteñidas, sudadas, estampadas hace muchos años; como si sólo las más bravas hubieran sobrevivido al primer round.

Pero entre tanto lugar común, tanto fanático de pelo suelto y ensayos de guitarras imaginarias en la fila, había un grupo de metaleros que no se vieron hace 17 años. Quinceañeros a los que aún les faltaban meses para nacer cuando sus padres cabeceaban en el concierto anterior. Quinceañeros que conocieron a la banda con discos como ReLoad o Garage Inc., que vieron en Metallica a cuatro cuarentones con actitud. Quinceañeros que, el martes pasado, asistieron con sus padres al concierto de la banda favorita de ambas generaciones. En la cancha, cantando junto a los casi 60 mil asistentes, padre e hijo compartían sumidos en la misma marea negra; llena de poleras desteñidas, sudadas y estampadas hace muchos años.

En los 90, la generación X fue sinónimo de cierta apatía, rebeldía conformista y música entonces alternativa. Pero hoy les toca ser padres. Y a pesar de que tienen entre 33 y 44 años, tienen códigos en común con sus hijos como ninguna generación anterior los tuvo. Comparten modismos, se visten igual (en una especie de uniforme de bluejeans, polera y zapatillas) y coinciden en un interés que sus propios padres no alcanzaron a comprender: las nuevas tecnologías.

Esta simbiosis de códigos hace que no sólo tengan más cosas en común con sus hijos, sino que, además, se genere una relación horizontal.

En una sociedad en la que los iPods, los laptops y las poleras con estampados de músicos parecen bienes de primera necesidad, la brecha generacional se acorta y padres e hijos interactúan en instancias totalmente nuevas. Como jugando videojuegos de fútbol -en consolas  que ridiculizan a sus ataris ochenteros- y yendo juntos a conciertos. Metallica no es una excepción: según Francisco Bas, productor de Time For Fun -la empresa que trajo a la banda-, los recitales ahora “se ven como una instancia para compartir en familia”, y las duplas de padres e hijos constituyen el 10% del público, “cuando hace cinco años era menos del 1%”.

Consolas y miniaturas

El vínculo es evidente: los padres se asombran y adaptan a las tecnologías con las que sus hijos nacieron, como internet, telefonía móvil, reproductores de MP3, computadores y consolas de videojuegos. Y ambas generaciones se fascinan con dichos avances. Pero este factor no es el único: según el publicista Cristián Leporati, director de la Escuela de Publicidad de la U. Diego Portales, la similitud entre ambas generaciones no se basa en un punto de encuentro, sino más bien en una evasión que se fundamenta en la creciente valoración que se le otorga a la juventud: “No es que se quieran parecer unos a otros u otros a unos, sino que hay un tema de fondo de la cultura occidental: negarse a envejecer”.

Por eso Leporati explica que los “rituales culturales” que adoptan los padres se parecen a los de sus hijos, “y esos rituales, en una sociedad hedonista como la actual, están dados en el consumo”. Principalmente en la tecnología y el vestuario. La marca de zapatillas Converse, por ejemplo, tiene una línea de réplicas de los modelos para adultos en tallas para niños de entre cero y seis meses. Se llama “Mini Me” y representa el 45% de sus ventas en Chile.

La tienda Mac Store, si se visita los fines de semana, refleja el interés común por la tecnología. Según Juan De Magalhaes, encargado de marketing de Apple en Chile, entre el 30% y 40% de los clientes que entra al local esos días son padres e hijos. Y ambos salen con algo en las manos: “Los papás se compran un computador y los niños, de entre cinco y 15 años, se llevan un iPod”, dice.

Sin embargo, la mayor coincidencia en el ámbito de la tecnología son los videojuegos. Sobre todo los de deportes. En la tienda Microplay, del Parque Arauco, dicen que el 70% de su clientela habitual son padres e hijos. Y los juegos que más se venden son los de fútbol.

Cambio de paradigma

“Es un fenómeno inevitable”. Así  define el sicólogo de la Clínica Santa María, Raúl Carvajal, la similitud entre dos generaciones con 20 años de diferencia. “El cambio (en las nuevas tecnologías) es tan rápido, que en un tiempo más nuestros hijos nos van a enseñar un montón de cosas. La similitud entre padres e hijos, por ende, es una tendencia que va a crecer y va a significar, en términos de paternidad, un desafío gigantesco”.

Según Juan Pablo Westphal, sicólogo especialista en adolescencia de la misma clínica, la transformación en la relación padre-hijo que se vive actualmente es un proceso histórico. Y se lo atribuye al mayor acceso a la información. “Es el gran cambio de paradigma a nivel mundial, porque las otras diferencias, en el sentir, en el pensar, en las dinámicas de trabajo y de pareja, se mantienen”, explica.

Westphal también adjudica a este “cambio de paradigma” la diferencia de los padres actuales con los suyos: “Ahora acceden a lenguajes comunes, y ante muchas de las dificultades de esa relación pasaban por la desinformación. Antes, el adulto, desinformado de las nuevas tendencias, tenía mucho reparo, mucho temor”.

Relaciones complementarias

Hoy, en cambio, incluso las conductas online de la generación X se parecen a las de sus hijos. Según el estudio “Generaciones online en 2009″, del Pew Research Center, el 57% de ambas categorías ve videos en sitios como Youtube y en ambos segmentos, el 31% los baja de la web. En servicios más avanzados, como la descarga de podcasts, las cifras son casi iguales: el 21% de los padres y el 19% de los niños, entre 12 y 17 años, maneja esos archivos.

Sin embargo, tanta similitud tiene un lado amargo innegable: “Se ha producido una falta en el reconocimiento claro de límites -explica el doctor Carvajal-. Hemos caído mucho en el síndrome del papá-amigo, y a veces no hay claridad de hasta dónde llega este espacio de buena onda”.

Pero según Paula Sáez, sicóloga clínica y académica de la U. Diego Portales, las similitudes entre padres e hijos no tienen por qué ser nocivas. Dice que son una respuesta natural al nuevo rol de la infancia en la familia, ya que hoy se considera a los hijos en la toma de decisiones y se generan “relaciones más complementarias”.

Por lo mismo, Sáez motiva los intereses comunes entre padres e hijos, paradógicamente para incentivar la diferenciación de los menores. “Al compartir más actividades -explica- pueden conocer realmente a los padres, en vez de verlos como figuras omnipotentes”. Sáez es tajante: al asistir juntos a un concierto, como el de Metallica el martes pasado, por ejemplo, “no se corre el riesgo de generar ‘pequeños clones’, no más que antes”. (latercera.com)

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